Jornada de reflexión

Operarios colocando urnas para el 28-A

Igual que se guardan reliquias en las iglesias las campañas electorales españolas conservan una, la jornada de reflexión. En realidad, conservan más. Los bloques electorales en las televisiones públicas (no en las privadas) o la prohibición de publicar encuestas (no de hacerlas) son algunas otras. Por eso hoy es, tachán, redoble de tambores, jornada de reflexión. Hoy es el día en el que los electores reflexionan su voto.

La estupidez de la jornada parte de origen. Cuando las campañas electorales ya no son de quince días, que empiezan desde el mismo momento en el que acaban las elecciones anteriores, conceder graciosamente 24 horas de reflexión al elector que ha sido bombardeado con todo tipo de armas legales e ilegales suena a broma de mal gusto. Pero en todo caso, bien, vamos a reflexionar.

Reflexionemos en la infantilización del electorado a límites absurdos. Vamos a reflexionar sobre una campaña electoral en la que los programas electorales son entelequias que nadie lee, nadie difunde, nadie propone. Pensemos sobre el hecho de que la política del espectáculo ha provocado debates en el que cuenta más un zasca que una propuesta. Es más, en los informativos había al día siguiente al menos una pieza sobre los memes que generaban los debates y otra para repasar el cruce de zascas. Los greatest hits del zasca. El show. La política es ahora fijarse exclusivamente en el sudor físico de Nixon y como evitarlo aunque lo que se diga sea sudor en sí mismo. Reflexionemos sobre que decimos que alguien ha mentido porque ha dicho 1234 en vez de 1233, cuando lo importante no es que el candidato sepa concretamente una cifra, sino que quiere hacer con ella.

Reflexionemos en el hecho de que en uno de los debates, por ejemplo, para destacar, uno de los candidatos dejó la ira de los de abajo aparcada para parecer un cura que padece por los pecados de sus feligreses. Pongamos el cerebro en el hecho de que en vez de combatir el fascismo, de aislarlo y tratarlo como lo que es, una anomalía democrática en un sistema ya anómalo de por sí, se le ha dado carta de naturaleza. Una carta de naturaleza que estaba ya ahí, por cierto.

Los votantes de extrema derecha no surgen del suelo. Estaban. El franquismo sociológico español existía, y solo ha hecho que se agite, que se condense y que acabe precipitando el blanqueamiento masivo que se hizo de ese españolismo rancio para frenar al independentismo. Plantaron un «ou de serp», que decía Xammar, sin pensar que la cáscara se rompe y aparece el dragón que nunca se ha ido.

O, reflexiono, quizás, incluso lo más probable, es que si supieran el dragón que habitaba en el huevo. Quienes lo plantaron e incubaron lo sabían. Se sentían amenazado y crearon al Rey de la Noche. Los que pensaron que de momento les servía igual no conocían el interior. O pensaron que luego bastaba con no dejar eclosionar el huevo. O incluso que cuanto peor, mejor. El miedo como fuente de votos. El dóberman. La rapidez con la que las otras dos derechas han abrazado si no a la serpiente sí a sus venenos más efectivos aún merece otra reflexión. En esta campaña que ha durado casi un año se ha hablado de temas que estaban más que superados. Porque en el fondo, hay una España criptofranquista que sueña y anhela volver a ese entonces, y, por supuesto, aprovechan su oportunidad.

Y mientras la serpiente va agrietando el cascarón hay otra masa de ciudadanos. Importante en unos territorios y menos en otra. Una masa de ciudadanos a la que entre la serpiente y sus hijos y entre los criadores de serpientes sobrevenidos le han dejado sin opciones. Había una vez una España progresista por nacer. Ahora muchos la ven no solo lejos sino igual de indeseable que la otra.

La jornada de reflexión.


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1 Response

  1. Blas dice:

    El dragón siempre estuvo aquí, nadie en aquella «modélica transición» se atrevió a hacer de San Jordi, siguió con nosotros hasta que ha visto lo del déficit democrático, ha visto que no está tan solo en las instituciones, está entre la gente. Que lo que en los primeros años «democráticos» parecía izquierdas con aquellas mayorías, no lo son. Es su momento, sabe de la proximidad de «las derechas» a su ideario, no en vano nacieron todos en los huevos de la misma nidada, puede sea su momento, la «ayuda» de los medios, excepcional.

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