La España de las líneas rojas

Reflexionaba en la jornada de reflexión bajo dos premisas: la campaña-show y la irrupción de un partido explícitamente de extrema derecha. Con los resultados en la mano, los nada tranquilizadores 24 diputados de Vox suponen sin embargo un cierto alivio cuando algunas encuestas les daban más de 50. Y ahora viene el momento del análisis. Los porqués y los ahora qués en el análisis electoral. Empiezo por los primeros en 7 claves.

¿Por qué estos resultados?

  1. Pedro Sánchez es el claro ganador de estas elecciones. Ha elegido correctamente el timing. Ha adecuado su mensaje para colocarse como dique de contención de la derecha sin, además, escorarse demasiado a la izquierda. La socialdemocracia en todo su esplendor.
  2. El gran derrotado de la noche, el PP. La estrategia de acercarse a las posiciones ultramontanas para frenar a VOX puede que haya parado un poco la caída, pero le ha supuesto perder buena parte del voto más moderado. Una gran parte hacia C’s y también ese bloque de ciudadanos que vota en función de la ocasión a PP o PSOE. Partidos clavados en muchos aspectos económicos, lo que se da en llamar el centro pero que difieren en aspectos más sociales y quizás de tono. El Sánchez «no es no» a un referéndum en Catalunya ha conseguido también atraer a ese tipo de votante.
  3. La irrupción de VOX. Uno de los grandes miedos de la jornada electoral se ha quedado en 24 escaños. Me parece importante recalcar que no supone la irrupción de la extrema derecha en el Congreso de los Diputados. Para nada. VOX desgaja del PP a ese votante nostálgico, partidario de la mano dura, del patriotismo poco constitucional que hasta ahora votaba a la casa común de la derecha. Los 66 diputados de los de la gaviota auguran temporada de cuchillos largos en Génova. Las risas de Saénz de Santamaría y la salivación de Feijoo se escucharon ayer con claridad.
  4. La radicalización de la derecha como espoleta de los nacionalismos periféricos e independentismos. Como pasó en 2004, todos los partidos independentistas y nacionalistas han subido significativamente su representación. ¿Todos? No. Lejos queda aquel escaño del nacionalismo aragonés en el Congreso. Y el Junts per Cat de Puigdemont no han conseguido el efecto del 21D y pierden un escaño, aunque eso sí, han salvado 7 de los 8 escaños, en un resultado al menos no horroroso.
  5. ERC gana por primera vez unas elecciones generales en Catalunya subiendo hasta los 15 diputados. Un mensaje alejado de la confrontación total y la presencia y carisma de Rufián y Junqueras en campaña han obrado el fuerte aumento. Con ellos en alianza programática, Bildu, que duplicará su representación en el Congreso. En Catalunya el independentismo sube en votos y el bloque 155+VOX, salvo el PSC, sufren un tremendo descenso. ¿Gana la moderación? Quizás. Lo que es verdad es que del bloque del 155 gana el que menos se ha echado al monte, y del bloque independentista el que sigue hablando de diálogo y un referéndum pactado.
  6. Mención aparte merecen los más de 103.000 votos de Front Republicà, que no les sirven para llevar a Albano Dante-Fachín a entrar por la puerta de los leones. Son 92.000 votos menos que los que consiguió la CUP el 21D. La mitad (más o menos) de la CUP ha medido su fuerza.
  7. El asalto a los cielos tendrá que esperar. Sin En Marea en Galiza, sin Compromís en el País Valencià, con la guerra Errejón-Iglesias en la cabeza, y con la sensación de que solo servirían de muleta a Sánchez, Podemos ha perdido buena parte de su fuerza. El votante que quería votar a la izquierda exclusivamente para frenar a la derecha ha optado por la opción menos izquierdista de todas, la del PSOE.

¿Y ahora qué? El análisis del futuro

¿Y ahora qué? Los 3 interrogantes que se abren ahora

Y aquí llegan los interrogantes del futuro en este análisis. Lejísimos del bipartidismo, con un congreso radicalizado en bloques y con las líneas rojas que han trazado todos más o menos burdamente en campaña ¿Ahora qué?

  1. Si con 85 diputados ya gobernaron en solitario, parece claro que la opción deseada por el PSOE será hacerlo con 123. Pero antes tendrá que ganar la investidura por mayoría absoluta o simple. Y aquí necesitará apoyos. Las líneas rojas del PSOE pasan por no negociar el apoyo de los independentistas que, al menos cara a la galería, no apoyarán gratis a Sánchez. Entran en juego aquí las líneas rojas de ERC, que en rueda de prensa desde Soto del Real, delineó Oriol Junqueras. No favorecerán un gobierno con la extrema derecha por no renunciar a la línea roja del referéndum. Pero ahora la extrema derecha no suma de ninguna manera, así que parece claro que tratarán de negociar, a pesar de que desde el PSOE aseguran que «no es no»
  2. La opción PSOE-Podemos que reclamaban ayer los votantes socialistas no basta para hacer presidente a Sánchez sin la abstencion de unos cuantos o el apoyo favorable de alguno de los partidos nacionalistas. Pero Sánchez no quiere hipotecas izquierdistas. Aquellos presupuestos con los que chantajearon a los partidos independentistas con su salario mínimo que luego aprobaron sin presupuestos previamente a la convocatoria de elecciones auguran que las medidas sociales de Sánchez (como se vio los viernes previos a elecciones) las quiere capitalizar solo y sin enfadar mucho al gran capital. Parece, eso sí, la opción más probable. Negociación y PNV parecen ya sinónimos.
  3. PSOE-C’s. Una suma que suma. Sin necesidad de otros actores esta suma haría presidente a Sánchez. Pero la línea roja de Rivera la ha subrayado en rojo y más rojo y más rojo. Y hasta hoy mismo desde los naranjas se volvía a remarcar. Ni Sánchez ni PSOE. Porque el PSOE no va a renunciar a Sánchez que ha resucitado más veces que Beric Dondarrion en Juego de Tronos. Y eso que, como era previsible, es la opción deseada por la España real. La del Ibex35 y el poder económico, que con los votos aún calientes en las urnas lanzaba un aviso, mejor PSOE-Ciudadanos, como mal menor, o, incluso, como bien relativo.

Y todo ello con más elecciones en el horizonte. Las europeas, municipales y autonómicas en algunos casos del 26M, y las más que previsibles y otoñales elecciones catalanas. Lo más razonable es pensar que los pactos y no pactos que lleven a Sánchez a Moncloa no se producirán hasta después del 26 de mayo, cuando todos los negociadores puedan poner más cartas sobre la mesa para tratar de dejar atrás las líneas rojas a las que de una manera u otra, todos habrán de renunciar.

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