España, el reino de las casas de apuestas

Sí, me refiero a la España reino. La España del regimen del 78 con su jefatura de estado en virtud del espermatozoide más rápido. Esa España que se defiende como gato panza arriba ante las amenazas que pretenden agrietar el régimen. El reino español al que algunos quieren hacer chapa y pintura colaborando con los fontaneros que la construyeron. La España donde las casas de apuestas nacen como champiñones. Unos champiñones que hacen su agosto cabalgando sobre la crisis y la desesperanza de muchas familias, pero que todavía no han visto el filón.

Retorcer la propia legalidad para defenderse es una cosa muy del tardofranquismo sobrevenido en «monarquía constitucional». Y en ese retorcimiento si las casas de apuestas tuvieran la ocasión forrarían los riñones de varias generaciones de sus propietarios con oro y piedras preciosas. Si una cosa estamos aprendiendo estos meses desde aquel octubre de 2017 es que a jueces, juntas electorales, cuerpos y fuerzas de seguridad, fiscalías y abogacías del estado y hasta a aquellos que pretenden dar una manita de pintura una vez frenado el asalto a los cielos les importa más bien poco la imagen de aleatoriedad absoluta que están dando de la Justicia.

La inseguridad jurídica rojigualda

Lo mismo se acusa de terrorismo a quien corta una carretera en una huelga que se deja sin juzgar a quienes asaltan una radio pública a pedrada limpia. Lo mismo una Junta Electoral permite un debate que no lo permite. Igual te permiten coger el acta de diputado porque no tienes los derechos suspendidos, que luego te impiden ejercer de diputado. Lo mismo te meten en prisión provisional en medio de una sesión de investidura que luego te echan en cara que no has podido poner un presidente.

A la vez que hablan de libertad de expresión se les ve arrancando lazos amarillos de casas particulares o yéndose de actos porque no les gusta lo que oyen. Lo mismo hablan de la neutralidad del espacio público que te convocan una manifestación en un espacio público. Igual te ponen una euroorden que la retiran. Igual estabas en busca y captura para llamarte «fugado» que cuando entras en territorio español, ya elegido senador, ni te llaman a declarar.

Los ejecutivos de las casas de apuestas en España se deben de tirar de sus pelos engominados mientras piensan en la maravilla que sería poder apostar a las decisiones de un Marchena que escucha sin pestañear opiniones personales de unos agentes a los que desmienten unos vídeos que no se pueden ver en el mismo momento, que corta las opiniones personales de unos testigos de la defensa de los que no le gusta oír.

El carrusel deportivo de la JEC

O, porqué no, cada recurso a la Junta Electoral Central celebrado con bonos regalo por apuesta hecha, promocionados como una final de la Champions. Una arbitrariedad que solo es una pantomima, claro. Porque no es aleatoria. No es arbitraria. Por cada veinticinco decisiones contra una opción política y sus dirigentes y sus partidarios, una decisión favorable de la que poder sacar pecho. «Tanto habláis de dictadura y Junqueras pudo dar una rueda de prensa«»No será tan mala la democracia española cuando se pueden presentar a las elecciones». Siempre, claro, que olvidemos que Junqueras lleva más de año y medio en prisión. O, como no, que olvidemos, que aunque se presenten a las elecciones la simulada aleatoriedad y garantías de la justicia española, impida que ejerzan el puesto para el que los ciudadanos los eligen.

En definitiva, siempre, que la normalidad a la que aluden algunos progresistas que hay que recuperar, no pase de pintar de color arcoiris el grisáceo metálico de la construcción de esta nuestra España monárquica tardofranquista. Y sin apuestas.

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