CDR: La barbarie no está en las calles

O no toda, al menos. Porque hay muchos tipos de barbarie, desde luego. El caso es que aprovechando que los CDR lanzaron el lema «Independencia o barbarie» los medios de comunicación han decidido hacer leitmotiv de todo esa palabra. Por ejemplo La Vanguardia o el Periódico.

Visto lo visto en las protestas de estos días, cortes de carreteras, árboles caídos, agujeros taladrados en la autopista, considerar eso barbarie no deja de ser una exageración bastante tendenciosa. Tanto por un lado como por el otro. Barbarie se puede llamar que la Audiencia Nacional quiera investigar eso como terrorismo. Igual que podemos decir que es barbarie el golpe de estado (que muchos medios y políticos se empeñan en no llamar golpe de estado) en Bolivia. Barbarie no es que unas decenas de personas corten una calle y dejen pasar a las ambulancias pero no puedas ir por esa calle a tu casa (aunque sí por cualquier otra).

La barbarie de los cortes de calle no lo es si se cortan las calles por una carrera (cada domingo de primavera), por una manifestación que nos guste, por una rúa del Barça, por un desfile militar, por un correfoc o por una procesión. Por eso es grito en el cielo conjunto de la prensa de orden, del politiqués medio y hasta de los equidistantes que apoyan huelgas pero no mucho y al pueblo alzado mientras no sea el de mi barrio, no deja de ser un grito histriónico sumado a todos los histrionismos de quien solo critica a una parte del conflicto y no a todas. Al menos a todas.

Para el histrión medio todo es motivo de berrido altisonante. Y para ello nada mejor que amagar realidades y contar medioverdades. Prueba de ello el editorial de la Vanguardia de ayer: Contra la barbarie.

El editorial de la Vanguardia

Es una editorial larguísima. Más del doble de lo habitual. Y tiene párrafos deliciosos.

Anteayer Luca De Meo, presidente de Seat, lanzó una advertencia que no debe pasar inadvertida: “La imagen que estamos proyectando al exterior seguro que no ayuda a los inversores a apostar por Catalunya”. Y añadió: “Hasta que esta discusión impacte en la operativa de nuestro negocio no tenemos nada que decir”. ¿Qué significa “hasta que impacte en nuestro negocio”?

Casualmente olvida el texto lo que dijo De Meo después, es decir, que llevan 4 años magníficos. 4 años a pesar del 6y7deseptiembre, a pesar del 1 d’octubre, a pesar del 3 d’octubre, del 27 d’octubre, a pesar de huelgas generales, a pesar de los CDR y su barbarie, del tsunami.

No es casual que olvide el editorial esa frase, desde luego, porque sobre esa ausencia resalta todavía más alguna frase más del texto.

Catalunya sufrió ya, a raíz de los hechos de septiembre del 2017 en el Parlament, el traslado de la sede de miles de empresas, entre ellas los dos principales bancos del país, que ante la incertidumbre local buscaron en otros lugares de España las garantías operativas y jurídicas que aquí se les negaban

Es curioso que entre esas empresas no estaba SEAT. Como es curioso que las operativas de todas esas empresas que se trasladaron, «obligadas» no tanto por la situación sino por la conveniente llamada de Zarzuela y con un decreto firmado a correcuita por Moncloa no se han visto en modo alguna afectadas. Es llamativo que han cambiado la dirección de los membretes pero ni un solo cierre de plantas. Nada de nada. Cero. Una operación de marketing político monárquico que es más barbarie que diez mil cierres de autopistas.

Pero es que el texto apunta a otra empresa automovilística, Nissan, con más de 3000 trabajadores. Dice que «esta semana, la inquietud ha alcanzado a dos industrias automovilísticas: Seat, la primera firma catalana (con una facturación, el año pasado, de 10.202 millones de euros), y Nissan, la segunda del sector (2.662 millones)». Al margen de esa coma fuera de sitio después de semana, apuntar a Nissan es bárbaro. Nissan lleva en guerra con sus trabajadores de la zona franca desde al menos 2016, con despidos, reducción de cargas de trabajo y negociaciones con mediadores incluidas. Huelgas, amenazas de huelga, plantes de la empresa y amenazas de Nissan de llevarse la producción. Pero no por culpa del procés. No por los CDR, no por las huelgas de transportes. No. Por la globalización del capital.

CDR y barbarie

El editorial lanza sus dardos contra el govern, por supuesto, y contra los mossos que no reciben las órdenes que deberían, porque es bárbaro lo de los CDR, pero la huelga de transportistas que bloqueó las rondas no es barbarie. Porque la existencia de presos políticos no es barbarie, ni las detenciones arbitrarias, ni las actuaciones desproporcionadas de la policía. Lo bárbaro es no preguntarse dónde está la barbarie sino culpar de la barbarie a la respuesta y no a la causa. Eso es barbarie. Barbarie es lanzar editoriales mezclando churras con merinas, ocultando datos, con un cherry picking declarativo de manual.

La barbarie no está en las calles. La barbarie no es el tsunami democràtic ni los CDR. El estado español es la barbarie. La justicia a la carta es barbarie. Bárbara es la chulería con la que el estado recibe bofetada tras bofetada de las justicias europeas. Bárbaro es el desprecio en el que se relativiza la ruleta rusa de la actuación estatal en todo este procés. Eso es barbarie. Barbarie no es un contenedor quemado. Barbarie es lo que hace que alguien tenga que quemar un contenedor para que no le arrolle una furgoneta de los Mossos, del CNP o de la Guardia Civil.

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