Con su cabeza, nuestras libertades

En 1591 un ejército castellano llegaba a Aragón, se enfrentaba en Épila con una banda reunida por los nobles aragoneses, y entraba en Zaragoza sin oposición. Así terminaba uno de los hechos más tristes de nuestra historia.

Por defender a un convicto, Antonio Pérez, Aragón apeló a sus instituciones, a sus fueros, a sus libertades. Pero no supo luchar por mantenerlas. Con la cabeza de Juan de Lanuza, el Mozo, rodaban también buena parte de nuestros fueros, recortados en Tarazona al año siguiente por Felipe I de Aragón, II de Castilla.

Con su cabeza rodaban también los tiempos en los que Aragón sabía defender sus fueros y su historia. Un historiador francés contaba en el siglo XIX: “Los aragoneses eran, y son, un pueblo celoso de su pasado y de su historia, y celoso de sus libertades y justicias, pero en aquel entonces, aún orgullosos de su libertad ganada, no supieron defenderla“.

En Zaragoza, tal día como hoy de hace 428 años, mientras los soldados castellanos rodeaban el cadalso, los ciudadanos se escondían en sus casas. Solamente la niebla fue testigo del hacha que cortó la cabeza del Justicia.
Hoy, 428 años después, se recuerda la figura del Justicia. Su estatua preside la más céntrica plaza de Zaragoza, su recuerdo hará llevar flores y banderas y los aragoneses han recuperado la institución, el más antiguo defensor del pueblo de la historia.

Las coronas de flores que habrá hoy al pie de la estatua se pudrirán y su hedor traerá a las narices de la memoria los cuerpos podridos de los muertos que colgaron de las murallas, entonces y en 1707, para recordar a los aragoneses que no debían levantarse contra el invasor extranjero ni contra el rey.

Hoy el aragonesismo está desnortado. No derrotado, pero fuera de sitio. El aragonesismo institucional dando apoyo a un gobierno españolista. El no institucional en la minorización política. Aquella cabeza de Juan de Lanuza rodó por el suelo zaragozano abriendo un camino lento, pero esperemos que no inexorable, hacia la desaparición de Aragón. A la asimilación de Aragón a algo que nunca fue. Y siempre quedará en el aire el rumor de un día, otro día más, en el que Aragón no supo defender su bien más preciado, las libertades de su gente.

“Nos que somos tanto como vos, pero juntos más que vos, os hacemos principal entre los iguales, con tal que guardéis nuestros Fueros y libertades, y si no, no”.

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